Conoce
a Nani
Nani: mujer resiliente, generosa y auténtica. Su legado impregnará toda la FUNDACIÓN, transmitiendo sus virtudes y cualidades en todo cuanto hagamos y emprendamos. Su fuerza nace de la ayuda desinteresada que ella demostró durante toda su vida a los demás: el amor al prójimo, y el profundo respeto por cada ser humano, dando el valor que tiene cada persona, la dignidad y el amor puesto en cada pequeño gesto.
El Espíritu Nani es esa fuerza de amor que escucha, que acompaña y que nunca juzga. Es la alegría incluso en la dificultad, que se entrega sin esperar nada a cambio y una fe profunda en las personas y la gran dignidad que tienen. Es cuidar al prójimo como a uno mismo, con dignidad, ternura y verdad. Es transformar el dolor en esperanza y la vida en servicio.

¿Quieres saber más de ella?
Si no tuviste la suerte de conocerla; ¿me dejas que te cuente quién era, y es, mi hermana Nani?
No es fácil hacerlo porque no bastan las simples palabras. Para entenderla habría que compartir con ella una conversación, una sobremesa, un viaje, un abrazo… o simplemente estar a su lado y dejarse contagiar por esa sonrisa suya que era capaz de iluminar cualquier momento, incluso los más oscuros.
Mi hermana era, ante todo, una persona buena y muy especial. Pero no de una manera solemne o impostada. Lo era de forma natural en esas pequeñas cosas cotidianas que casi nadie da importancia y que, precisamente por eso, dicen tanto de una persona.
Tenía una capacidad inmensa para cuidar de los demás. Ayudaba sin esperar nada a cambio, estaba pendiente de todo, encontraba tiempo cuando parecía no tenerlo y conseguía hacerte sentir realmente acompañado cuando estabas a su lado. Lo hacía con un encanto único, sin presumir de ello y sin permitir que el ego o el rencor ocuparan espacio en su vida.
Su familia era una de sus grandes razones para sonreír. Se entregó a ella por completo. Nos cuidó, nos mimó y, de alguna manera, consiguió mantenernos siempre unidos incluso cuando nosotros ni siquiera éramos conscientes de que ese era uno de sus grandes empeños.
Era de esas personas que hacen que todo parezca más fácil.
Y, por supuesto, también sabía disfrutar de la vida. De los viajes, de las personas, de los recuerdos, de una buena conversación o de cualquier pequeño instante capaz de convertirlo en un gran recuerdo. Tenía esa capacidad tan especial de encontrar felicidad en cosas que para otros podrían pasar totalmente desapercibidas.
Quizá por eso su manera de afrontar la enfermedad fue tan extraordinaria.
Porque cuando llegó el cáncer, decidió no entregarle también su forma de vivir. Hablaba de él como de unos “bichitos” a los que simplemente había que cargarse. Y mientras el cuerpo iba imponiendo sus límites, ella seguía buscando y encontrando su felicidad.
Cuando ya no podía viajar, lo hacía con la mente. Cuando había perdido el gusto, disfrutaba de los sabores buceando en sus recuerdos. Cuando apenas sentía las caricias, seguía buscándolas. Cuando aparecía el dolor, dibujaba una sonrisa para calmarlo.
No fue una heroína porque no tuviera miedo o porque fuera invencible.
Lo fue porque consiguió seguir siendo ella cuando la vida le estaba poniendo delante algo capaz de cambiarlo todo.
Su último año nos dejó una lección que probablemente nunca quiso darnos porque nada deseaba más que seguir viviendo con la máxima intensidad.
Pero se fue demostrando dignidad, fortaleza y valentía hasta el último momento.
Nos dejó demasiado pronto con un vacío enorme que aún cuesta asimilar, pero también nos brindó la inmensa fortuna de haber compartido la vida con ella.
Y eso es un tesoro para los que, de una forma u otra, hoy somos mejores personas gracias a su ejemplo.
Por eso nace esta Fundación.
Porque creemos que una vida así debe seguir dejando huellas bonitas.
Puede continuar en cada persona a la que ayudemos, en cada sonrisa o esperanza que provoquemos, en cada gesto de generosidad y en cada pequeño acto que consiga hacer del mundo un lugar un poquito más justo.
Así era Nani. El motor eterno que pone en marcha este proyecto que honra su vida.
Desde Fundación Nani, queremos mantenerla presente y orgullosa de su familia… como estuvo siempre.
Jesús Gutiérrez ( Hermano de Nani)
Fundador


Casa, faro y esperanza para los demás.
La Fundación entiende a la persona como el centro de toda intervención, promoviendo espacios de acogida, seguridad y dignidad, donde cada individuo se sienta escuchado, valorado y acompañado.
El Espíritu Nani se basa en:
-Una relación cercana y sincera con las personas,
-Una escucha activa y empática,
-Una ayuda desinteresada, sin juicio ni condiciones,
-Una mirada profundamente humana hacia las situaciones de vulnerabilidad.
La Fundación acompaña los procesos personales desde la fortaleza, la esperanza y la confianza en las capacidades de cada persona, incluso en contextos de dificultad o dolor. Se promueve una intervención integral que cuida tanto el bienestar emocional como la autoestima, la dignidad y la belleza interior de las personas atendidas.


Conócenos
a todos



No importa lo que pasara, siempre te sacaba una sonrisa

Queremos mantener a Nani presente y orgullosa de su familia… como estuvo siempre.

Ayudar a las personas es un regalo el cual recibimos todos los días

Trabajar en la Fundación te hace mejor persona

La satisfacción de mejorar la vida de las personas es un sentimiento muy especial



